Reescribí esto un par de veces. Quería hablar de la disciplina y de todo lo que puede significar.
Decidí escribirlo como una carta — una carta abierta — porque creo que hay mucha gente que podría beneficiarse de escuchar unas palabras de apoyo cuando las cosas se ponen difíciles. Para ser honesto, también quiero que sea algo que mis hijos puedan releer si alguna vez lo necesitan.
También lo escribo para mí: para la versión de mí que lo habría necesitado hace un tiempo y que habría deseado poder leer algo así.
Reflexiones semanales gratuitas para una disciplina sostenible.
Directas a tu bandeja de entrada.
Tú puedes con esto.
Puede que hoy te despiertes derrotado porque lo intentaste y no salió como querías.
De verdad lo intentaste. Lo intentas todos los días — en el trabajo, en casa.
Estás intentando ser la mejor versión de ti mismo. Pero por todas partes hay un mensaje que te dice que quizá no tienes lo que hace falta.
Llegas a casa cansado, tus hijos quieren jugar, y lo intentas, y juegas, y aun así sientes que no pudiste dar lo mejor de ti.
Intentas estar presente, de verdad que sí, pero tienes la cabeza en otra parte, tratando de resolver cómo seguir sosteniendo a tu familia sin dejar de estar presente. Y te molestas porque no estás realmente ahí.
Y ves las redes sociales, y las redes sociales te dicen que deberías estar siempre rindiendo.
Porque es así de fácil. Porque solo tienes que hacerlo.
Y te preguntas qué hiciste mal. ¿Por qué los demás parecen tenerlo todo resuelto?
¿Era este el camino correcto? ¿Qué estoy haciendo con mi vida?
La verdad es que nos gusta ver el vaso medio vacío porque verlo medio lleno requiere pensar, y pensar es difícil ahora mismo.
Así que déjame recordártelo.
Lo que no estás viendo es que lo estás intentando. E intentar ya es progreso, así que sigue intentándolo. Estás resolviendo las cosas; solo está tomando tiempo.
Lo que no estás viendo es que estás tratando de mejorar, y que lo que ves en las redes sociales es apenas una imagen aislada de un éxito bastante cuestionable.
Lo que no estás viendo es que tus hijos te están mirando y te quieren porque juegas con ellos incluso cuando estás cansado. Porque te importa.
Lo estás haciendo. Te estás moviendo.
No todo está perdido.
Escuchas a ese gurú del fitness que proclama a los cuatro vientos que si no sigues su rutina, eres un perdedor.
Que no tienes disciplina.
Piensas en cómo encontrar tiempo para hacer cosas, pero a veces es difícil.
Te preguntas si es tu cerebro el que necesita empezar a funcionar mejor. Te preguntas si tú eres el problema.
Quiero que aguantes. Quiero que sigas avanzando.
Lo que no estás viendo es que tratas a tus hijos con amor, eres paciente y amable, y eso en sí mismo es un acto de disciplina.
Caerse no es opcional, pero levantarse y seguir adelante es una elección. Y la estás tomando cada día.
La disciplina no consiste solo en hacer que las cosas sucedan. Eso importa. Pero también se trata de lo que haces cuando tus instintos se activan, cuando las emociones toman el control y cuando tienes que elegir entre lo fácil y aquello en lo que crees.
Elige la coherencia. Nunca olvides hacia dónde vas ni cuál es el camino.
No tiene sentido llegar a la cima si vas a perderte en el proceso.
No olvides tus principios y, en cada paso, asegúrate de volver.
Porque no eres un perdedor, no estás roto.
Porque eres humano y, como humano, tienes que ser compasivo contigo mismo.
Porque esa compasión te llevará lejos y te mantendrá con los pies en la tierra.
No necesitas algo grande que seguir. Solo a ti mismo.
Tú puedes con esto, y no te atrevas a olvidarlo.
— Camilo
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